Donde aún vive la infancia
- Angélica

- 30 abr
- 2 Min. de lectura
No es el ruido. No es el movimiento. Es otra cosa, es la forma en la que el tiempo cambia de ritmo.Como si, por un momento, el mundo dejara de apresurarse.
Hace unos días, vi a un niño sentado en el piso, dibujando con colores gastados. No había música. No había pantallas. No había nadie dirigiéndolo. Solo estaba ahí. Creando algo que no necesitaba ser entendido. Y pensé: ¿En qué momento crecimos?
La infancia no desaparece. Se transforma.
Crecemos creyendo que la infancia es una etapa que se queda atrás.Pero la ciencia sugiere algo distinto. Investigaciones del Harvard University Center on the Developing Child han demostrado que las experiencias tempranas, especialmente aquellas relacionadas con el juego, la exploración y la conexión emocional, no solo moldean el desarrollo cognitivo, sino también la manera en la que interpretamos la vida en la adultez. Es decir: la infancia no termina. Se queda, silenciosa, en todo lo que somos después.
El mundo actual no es menos mágico. Solo es más rápido. Vivimos en una época donde todo ocurre en segundos. Respuestas inmediatas.Entretenimiento constante.Conexión permanente. Y, sin embargo, hay algo que sigue siendo profundamente humano: la necesidad de imaginar.
La American Academy of Pediatrics señala que el juego libre ese que nace sin instrucciones, fortalece habilidades como la creatividad, la empatía y la resolución de problemas.
Pero más allá de eso, el juego tiene algo que no se mide en estudios: nos enseña a estar.
Una niña mira por la ventana. No hace nada. No habla, no busca estímulos. Solo observa. En ese silencio, su mente está llena: imagina historias.Inventa futuros, se pregunta cosas que nadie le ha pedido que responda.
Ese momento, aparentemente vacío, es, en realidad, uno de los más importantes.
Porque ahí se construye algo invisible: la capacidad de darle sentido al mundo.
El desafío no es elegir entre lo moderno y lo esencial. Es aprender a sostener ambos.
Un informe de UNICEF reconoce que la tecnología forma parte inevitable de la infancia contemporánea, pero también subraya la importancia de equilibrarla con experiencias físicas, sociales y emocionales. No se trata de quitar. Se trata de recordar. Tal vez hoy no se trate de hacer más ruido. Tal vez se trate de crear espacio.
Espacio para:
jugar sin propósito
aburrirse sin culpa
imaginar sin límites
existir sin prisa
Porque en ese espacio, algo florece.
Algo que no se enseña.Algo que no se fuerza.Algo que simplemente… ocurre.
Y quizás, al final… Celebrar a los niños no es solo mirar hacia ellos. Es mirar hacia dentro.
Hacia esa parte de nosotros que alguna vez supo perder el tiempo sin miedo.Que encontraba mundos en lo simple, que no necesitaba explicarlo todo. Esa parte no desapareció.
Solo está esperando que le hagamos un poco de espacio otra vez.


Referencias (formato APA)
American Academy of Pediatrics. (2018). The power of play: A pediatric role in enhancing development in young children. Pediatrics, 142(3). https://doi.org/10.1542/peds.2018-2058
Center on the Developing Child at Harvard University. (2016). From best practices to breakthrough impacts. https://developingchild.harvard.edu
UNICEF. (2017). The State of the World’s Children 2017: Children in a Digital World. https://www.unicef.org






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