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Nadie habla de esto: el sistema que está empujando a miles de jóvenes fuera de la escuela en México

México no tiene un problema de falta de talento. Tiene un problema de abandono. Y lo más grave es que ya lo normalizamos.

De acuerdo con la Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), más de 3.7 millones de niñas, niños y jóvenes entre 3 y 29 años no asisten a la escuela en México, y entre quienes abandonan sus estudios, las principales razones son económicas, seguidas por la falta de interés o aptitud percibida y problemas familiares.

Pero reducir la conversación a “falta de recursos” es simplificar un problema mucho más profundo. Porque la deserción escolar no empieza el día que un estudiante deja de asistir.

Empieza mucho antes.

Según datos de la Secretaría de Educación Pública (SEP), el nivel medio superior es el punto crítico: casi 1 de cada 3 estudiantes no logra concluir este nivel educativo. Esto convierte a la educación media superior en el principal “filtro” del sistema educativo mexicano. Y aquí es donde la narrativa tradicional se queda corta. No es que los jóvenes no quieran estudiar. Es que muchos están tratando de sobrevivir.


La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) ha señalado que México presenta una de las tasas más altas de abandono escolar entre países miembros, particularmente en educación media superior, donde factores socioeconómicos y de desigualdad estructural influyen directamente en la permanencia escolar.


Además, el Banco Mundial advierte que los jóvenes que abandonan la escuela tienen mayor probabilidad de integrarse a empleos informales, con menores ingresos a lo largo de su vida, perpetuando ciclos de pobreza inter generacional.


Pero hay algo aún más preocupante. El abandono escolar no es solo una consecuencia económica. También es una consecuencia social y emocional. El Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) ha documentado que la falta de acompañamiento, apoyo emocional y sentido de pertenencia dentro del entorno educativo son factores determinantes en la decisión de continuar o abandonar los estudios.


Es decir, no basta con abrir la puerta de la escuela. Hay que asegurarse de que alguien quiera y pueda quedarse. Hemos construido un sistema que mide, califica y exige, pero que pocas veces sostiene. Un sistema que asume que todos los estudiantes parten del mismo punto, avanzan al mismo ritmo y enfrentan las mismas condiciones.


Y eso, simplemente, no es cierto. Bajo esta lógica, el abandono escolar se interpreta como una decisión individual, cuando en realidad es el resultado de múltiples fallas acumuladas: desigualdad económica, falta de redes de apoyo, desconexión con el contenido educativo y ausencia de acompañamiento significativo.


El problema no es la falta de talento. Es la falta de acompañamiento. Y el acompañamiento no es un lujo, es una condición.


Diversos estudios han demostrado que la presencia de mentores, redes de apoyo y programas de seguimiento académico y emocional incrementan significativamente las tasas de permanencia escolar. No se trata únicamente de políticas públicas, sino de construir entornos donde los estudiantes se sientan vistos, escuchados y respaldados.


Esto implica replantear el enfoque desde el cual entendemos la educación. Pasar de un sistema centrado en contenidos a uno centrado en personas. De medir resultados a sostener procesos.

No se trata de “rescatar” a estudiantes cuando ya están a punto de abandonar. Se trata de que nunca lleguen a ese punto.

Porque cuando un joven abandona la escuela, no solo pierde una oportunidad individual. Perdemos todos.


Según el Banco Mundial, cada año adicional de educación puede incrementar los ingresos de una persona entre un 8% y un 10%. Pero más allá del ingreso, la educación también impacta en indicadores como salud, participación cívica y reducción de violencia. La deserción escolar no es un tema aislado. Es un síntoma.


Un síntoma de un sistema que aún no logra adaptarse a las realidades de quienes más lo necesitan. La pregunta no es por qué los jóvenes abandonan la escuela. La pregunta es por qué el sistema los abandona primero. Y hasta que no estemos dispuestos a responderla con seriedad, seguiremos hablando de deserción escolar y su vinculación con la violencia sin realmente entenderla.


Bibliografía

  1. Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI). (2023). Estadísticas a propósito del Día Internacional de la Juventud. https://www.inegi.org.mx

  2. Secretaría de Educación Pública (SEP). (2022). Principales cifras del sistema educativo nacional 2021-2022. Gobierno de México. https://www.gob.mx/sep

  3. Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE). (2023). Education at a Glance 2023: OECD Indicators. OECD Publishing. https://www.oecd.org

  4. Banco Mundial. (2023). World Development Report: Learning to Realize Education’s Promise. World Bank Group. https://www.worldbank.org

  5. UNICEF. (2022). La educación en México: factores asociados a la permanencia y abandono escolar. https://www.unicef.org/mexico



 
 
 

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