Volvimos a clases. La pregunta es: ¿Volvemos a aprender?
Actualizado: hace 6 días
Un nuevo ciclo escolar no debería significar volver a hacer exactamente lo mismo.
Ayer, millones de estudiantes mexicanos volvieron a las aulas. Uniformes preparados desde la noche anterior. Mochilas nuevas. Cuadernos todavía impecables. Padres tomando fotografías antes de salir de casa. Maestros preparando salones, materiales, actividades y probablemente tomando un poco más de café de lo habitual.
Comenzó un nuevo ciclo escolar.
Y mientras veía todo lo que significa volver a clases, no podía dejar de pensar en algo:
¿Realmente estamos comenzando algo nuevo o simplemente estamos repitiendo lo mismo con cuadernos diferentes?
Porque cambiar de ciclo escolar no necesariamente significa cambiar la educación. Podemos estrenar libros, plataformas, salones e incluso incorporar inteligencia artificial y seguir educando exactamente igual que hace décadas. Y quizá esa sea una de las conversaciones más importantes que necesitamos tener.
185 días
El calendario oficial de la Secretaría de Educación Pública establece 185 días efectivos de clase para educación básica durante el ciclo escolar 2026-2027, que comenzó este 31 de agosto y terminará el 9 de julio de 2027. 185 días. Suena a mucho tiempo. Pero la pregunta importante no es cuántos días pasarán nuestros estudiantes dentro de una escuela.
La pregunta es: ¿Qué habrá cambiado dentro de ellos cuando salgan?
Porque asistir a la escuela y aprender no son exactamente lo mismo. UNICEF advierte que, aunque el acceso mundial a la educación primaria ha avanzado enormemente durante las últimas décadas, asistir a la escuela todavía no garantiza aprender. De acuerdo con el organismo, aproximadamente dos de cada tres niños de 10 años en países de ingresos bajos y medios no pueden leer y comprender adecuadamente un texto sencillo. Eso debería preocuparnos muchísimo. Porque significa que el desafío educativo del siglo XXI ya no consiste solamente en abrir las puertas de las escuelas. Consiste en preguntarnos qué sucede una vez que los estudiantes cruzan esas puertas.
Hay algo particularmente interesante en comenzar un ciclo escolar en 2026.
Los estudiantes que ayer regresaron a las aulas están creciendo en uno de los periodos de transformación tecnológica más acelerados de nuestra historia reciente. La inteligencia artificial puede escribir. Puede traducir. Puede programar. Puede generar imágenes. Puede analizar enormes cantidades de información. Puede explicar un concepto matemático de cinco maneras diferentes hasta que un estudiante consiga entenderlo. Y esto apenas comienza.
Del 8 al 11 de septiembre de este año, UNESCO celebrará en París la Semana del Aprendizaje Digital 2026. El tema elegido resulta revelador: “La educación en la era de la IA: Hechos, Fricciones y Fronteras”. La conversación internacional ya no gira solamente alrededor de si debemos permitir o prohibir la inteligencia artificial dentro de las escuelas. La conversación comienza a ser mucho más profunda: ¿Qué significa aprender cuando una máquina puede producir muchas de las respuestas que antes pedíamos memorizar? Y todavía más importante:
¿qué tendremos que enseñar cuando tener información deje de ser suficiente?
Quizá aquí está el verdadero reto. Durante mucho tiempo construimos sistemas educativos alrededor de las respuestas. Estudia esto. Memoriza aquello. Resuelve esto. Contesta aquello. Obtén una calificación. Avanza al siguiente grado. Pero estamos entrando en un mundo en el que las respuestas serán cada vez más fáciles de conseguir. Tal vez entonces la educación tendrá que concentrarse mucho más en algo que ninguna herramienta puede regalarnos automáticamente: la capacidad de hacer mejores preguntas y solucionar retos del día a día.
Siempre me ha parecido curioso que muchas de las características que admiramos en los grandes innovadores son exactamente las que a veces intentamos controlar en los niños.
Preguntar demasiado. Cuestionar. Experimentar. Equivocarse. Imaginar cosas aparentemente imposibles. Buscar otra manera de resolver un problema. En los adultos lo llamamos innovación. En los niños, algunas veces, lo llamamos distracción. Y quizá deberíamos reconsiderarlo. Porque el futuro probablemente no pertenecerá a quienes memoricen más información. Pertenecerá a quienes sepan interpretarla, cuestionarla, conectarla y utilizarla para resolver problemas reales. UNICEF, en su estrategia de educación digital 2025-2030, plantea precisamente la necesidad de que la tecnología y la inteligencia artificial se utilicen desde un enfoque centrado en las personas y orientado a mejorar realmente el aprendizaje, no simplemente a digitalizar lo que ya hacíamos.

Esa diferencia es enorme. Porque poner una pantalla frente a un estudiante no transforma la educación. Usar inteligencia artificial tampoco. Cambiar el PowerPoint por una plataforma digital tampoco. La innovación educativa no ocurre cuando cambia la herramienta. Ocurre cuando cambia lo que hacemos con ella.
Durante muchos años viví la educación principalmente desde un pupitre. Hoy también comienzo a conocerla desde el otro lado. Y enseñar me ha hecho cuestionar muchas cosas que antes, como estudiante, simplemente aceptaba. He descubierto que puedes preparar una clase perfectamente estructurada y que, de pronto, una pregunta de un estudiante puede llevar la conversación hacia un lugar mucho más interesante que el que estaba escrito en la presentación.
Que a veces enseñar significa explicar. Pero otras veces significa guardar silencio y dejar que alguien encuentre su propia respuesta. Que puedes enseñar conceptos, metodologías y herramientas, pero hay aprendizajes que aparecen precisamente cuando permites que los estudiantes experimenten, fallen, discutan y vuelvan a intentarlo. Y quizá por eso cada vez estoy más convencida de algo: un buen maestro no debería dedicarse únicamente a entregar respuestas. Debería ayudar a construir personas capaces de encontrarlas.
Eso cambia completamente nuestra responsabilidad. ¿Para qué mundo estamos educando?
Esta debería ser una pregunta obligatoria al comenzar cada ciclo escolar. No solamente: ¿Qué temas vamos a cubrir? ¿Qué actividades vamos a realizar? ¿Qué examen vamos a aplicar?
Sino: ¿Para qué mundo estamos preparando a nuestros estudiantes?
UNICEF describe 2026 como un momento en el que los niños están creciendo en un contexto de enorme volatilidad: transformación tecnológica acelerada, cambios geopolíticos, crisis climáticas y ambientales y transformaciones sociales.
Es decir, estamos educando a una generación para resolver problemas que nosotros mismos todavía no sabemos resolver. Algunos de los estudiantes que ayer comenzaron clases trabajarán en profesiones que hoy apenas están apareciendo.
Utilizarán tecnologías que todavía estamos desarrollando.
Se enfrentarán a dilemas éticos que aún no sabemos cómo responder. Y probablemente tendrán que resolver consecuencias de decisiones que nuestra generación está tomando hoy. Ante semejante escenario, memorizar respuestas parece insuficiente. Necesitarán creatividad. Pensamiento crítico. Adaptabilidad. Empatía. Capacidad de colaboración. Curiosidad. Criterio. Y quizá una de las competencias más importantes de todas:
aprender a aprender. Porque si algo parece seguro sobre el futuro es precisamente que tendremos que seguir aprendiendo durante toda la vida.
Pero hay algo que ninguna inteligencia artificial debería reemplazar En medio de toda esta conversación tecnológica existe un riesgo. Emocionarnos tanto con las posibilidades de la inteligencia artificial que olvidemos para qué existe la educación.
La educación no solamente prepara trabajadores. Forma seres humanos.
Una escuela también es el lugar donde alguien aprende a levantar la mano. A defender una idea.
A escuchar otra diferente. A descubrir algo que le apasiona. A perder. A volver a intentarlo. A trabajar con alguien que piensa distinto. A reconocer que estaba equivocado. A descubrir que quizá es bueno para algo que jamás había intentado. A creer un poquito más en sí mismo.
Eso también es educación. Y ninguna revolución tecnológica debería hacernos olvidarlo. De hecho, quizá mientras más inteligentes se vuelvan nuestras máquinas, más importante será desarrollar aquello que nos hace profundamente humanos.
Entonces, este ciclo escolar…
Ojalá no midamos únicamente cuántas páginas terminaron los estudiantes. Preguntemos cuántas preguntas nuevas hicieron. No solamente cuántos exámenes aprobaron. Preguntemos cuántas veces se atrevieron a equivocarse intentando algo diferente. No solamente qué aprendieron. Preguntemos qué descubrieron sobre ellos mismos. No solamente qué calificación obtuvieron.
Preguntemos qué problema aprendieron a resolver. Y no solamente celebremos que regresaron a clases. Celebremos cuando realmente comiencen a aprender. Porque quizá dentro de algunos años nadie recordará exactamente qué página del libro estudiamos aquel martes primero de septiembre. Pero alguien puede recordar durante toda su vida al maestro que creyó en él.
La clase que despertó una curiosidad. La pregunta que cambió una decisión.
El proyecto que le hizo descubrir una vocación. O el momento exacto en el que entendió que también podía construir algo diferente. Ayer comenzó oficialmente un nuevo ciclo escolar. Tenemos 185 días por delante. Que no sean solamente 185 días de clases.
Que sean 185 oportunidades para despertar curiosidad. 185 oportunidades para enseñar a pensar. 185 oportunidades para descubrir talento. 185 oportunidades para recordar que detrás de cada matrícula, cada promedio y cada pupitre existe una persona intentando descubrir quién puede llegar a ser. Porque el futuro no comienza cuando nuestros estudiantes se gradúan.
El futuro ya está sentado frente a nosotros. La pregunta es qué vamos a hacer con él.
Fuentes
Secretaría de Educación Pública. (2026, 15 de julio). Publica SEP calendario escolar 2026-2027 para Educación Básica y Normal. Gobierno de México, septiembre 2026
UNESCO. (2026). Semana del Aprendizaje Digital 2026: La educación en la era de la IA: Hechos, Fricciones, Fronteras. Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura, Septiembre 2026
UNICEF. (2026). Digital Education Strategy 2025–2030: Beyond digital as usual: An equity-driven, human-centered digital and AI strategy for learning. United Nations Children’s Fund.
UNICEF. (2026). Prospects for Children in 2026: A Global Outlook – The Future for Children in a Volatile World. UNICEF Innocenti – Global Office of Research and Foresight, septiembre 2026
UNICEF. (s. f.). Education. United Nations Children’s Fund, septiembre 2026






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