top of page
  • Negro del icono de YouTube
  • Tik Tok
  • Icono negro LinkedIn
  • Black Facebook Icon
  • Black Instagram Icon

Estamos sobreviviendo más de lo que estamos viviendo

Hay personas que ya no viven. Simplemente funcionan.


Se despiertan cansadas, revisan el celular antes incluso de levantarse de la cama, sobreviven jornadas interminables, comen rápido, responden mensajes pendientes, intentan cumplir expectativas y terminan el día agotadas sin recordar realmente qué sintieron durante él. Y al día siguiente, todo vuelve a empezar.


La vida moderna nos acostumbró a normalizar el agotamiento. Decimos frases como:

“Estoy muerto.” “No he descansado en semanas.” “No tengo tiempo.” “Solo estoy sobreviviendo.” Y lo más preocupante es que ya ni siquiera suenan alarmantes.

Suenan normales. Vivimos en una sociedad donde estar ocupado se convirtió en símbolo de valor. Mientras más saturada parece una persona, más “productiva” o “importante” suele percibirse.


Descansar incluso genera culpa. La Organización Mundial de la Salud advirtió que trabajar jornadas prolongadas incrementa significativamente el riesgo de enfermedades cardiovasculares, ansiedad y agotamiento físico y mental (World Health Organization [WHO], 2021).


Pero el cansancio actual no es únicamente físico. Es emocional. Mental. Existencial. Estamos saturados de información, estímulos y presión constante. Las redes sociales nos muestran vidas aparentemente perfectas todos los días: personas viajando, emprendiendo, haciendo ejercicio, aprendiendo idiomas, teniendo éxito, casándose, comprando casas, “aprovechando el tiempo”. Y aunque racionalmente sabemos que internet muestra versiones editadas de la realidad, emocionalmente seguimos comparándonos. Entonces aparece una sensación silenciosa: la de nunca estar haciendo suficiente.


El problema es que el sistema moderno rara vez nos enseña a vivir; nos enseña a producir. Nos prepara para cumplir horarios, responder correos, alcanzar metas y seguir avanzando, pero pocas veces nos enseña a detenernos y preguntarnos: ¿Qué me hace sentir realmente vivo Porque sobrevivir y vivir no son lo mismo.


Sobrevivir es únicamente llegar al final del día. Vivir implica presencia. Y la presencia se ha vuelto escasa.


Comemos mientras vemos videos. Escuchamos música mientras respondemos mensajes. Vamos de un lugar a otro pensando en pendientes futuros. Incluso los momentos de descanso terminan llenos de estímulos digitales. Nos cuesta aburrirnos. Nos cuesta quedarnos en silencio. Nos cuesta no hacer nada.


El filósofo Byung-Chul Han describe esta época como “la sociedad del cansancio”: una era donde las personas se explotan a sí mismas intentando alcanzar estándares imposibles de productividad y éxito (Han, 2015).


Ya no hace falta que alguien nos obligue a trabajar excesivamente.

Ahora nosotros mismos nos exigimos constantemente: ser mejores, más rápidos, más exitosos, más visibles, más eficientes. Y aun así, muchas personas siguen sintiendo vacío. Porque llenar horarios no siempre llena el alma. Tal vez por eso los momentos que más solemos recordar rara vez tienen relación con productividad: una conversación profunda,

un viaje, una tarde tranquila, una comida en familia, un abrazo inesperado, o simplemente sentir paz por unos minutos. La realidad es que el ser humano no fue diseñado para vivir permanentemente acelerado.

Nuestro cerebro y nuestro cuerpo necesitan pausas, comunidad, descanso y significado. Sin embargo, vivimos dentro de una economía donde la atención humana se convirtió en negocio. Plataformas digitales, algoritmos y aplicaciones compiten diariamente por minutos de nuestra vida. Y mientras intentamos seguir el ritmo de todo, muchas veces terminamos desconectándonos de nosotros mismos. Quizá por eso tantas personas sienten que los años pasan rápido.


Porque cuando vivimos únicamente en automático, el tiempo deja de sentirse vivido y comienza simplemente a sentirse consumido.


Tal vez el verdadero lujo en el siglo XXI ya no sea únicamente el dinero. Tal vez sea tener tiempo,

salud mental, presencia, y la capacidad de disfrutar la vida sin sentir culpa por detenernos. Porque una vida llena de actividades no necesariamente es una vida llena de significado.Y quizá una de las decisiones más revolucionarias hoy sea aprender a vivir conscientemente en un mundo que constantemente nos empuja a sobrevivir.


Referencias


  1. Han, B.-C. (2015). La sociedad del cansancio. Herder Editorial, Junio 2026

  2. World Health Organization. (2021). Long working hours increasing deaths from heart disease and stroke. https://www.who.int/news/item/17-05-2021-long-working-hours-increasing-deaths-from-heart-disease-and-stroke, Junio 2026

 
 
 

Comentarios


Logo Angie Bangon
  • YouTube
  • Black Instagram Icon

© 2023 Angiebangon

bottom of page